Radicalismo Libertario: Cuando los interesas pesan mas que las ideas (Por Leandro Roldán)
Hay una pregunta que, después de leer el comunicado del Dr. Alejandro Molinuevo, queda dando vueltas: ¿hasta dónde se puede reivindicar una historia partidaria cuando las decisiones políticas parecen ir por otro camino?
El intendente concepcionense habla de Alem, de Yrigoyen, de Alvear y de Alfonsín, apela a la identidad radical y a la necesidad de mantener la coherencia con sus principios. Pero hoy se mueve políticamente en el espacio de La Libertad Avanza. Sus carteles abandonaron el rojo radical por un morado libertario, y ahí aparece una contradicción que, por lo menos, merece una explicación.
No hace falta remontarse demasiado para encontrar el motivo de la discusión. Milei ha utilizado expresiones durísimas contra Alfonsín y contra la UCR. No son diferencias menores sobre una ley o una medida económica: son descalificaciones dirigidas a figuras que forman parte de la historia y de la identidad del radicalismo.
Alfonsín, además, había dejado una definición que sigue teniendo vigencia en este debate: "si la sociedad se derechizaba, la UCR debía prepararse para perder elecciones, pero nunca para hacerse conservadora". Una postura que marcaba un límite político e ideológico antes que una conveniencia electoral.
Entonces, si se invoca a Alfonsín, también habría que preguntarse qué hacemos con sus ideas. Porque los nombres históricos sirven para mucho más que para adornar un comunicado.
Y acá aparece una comparación que me parece inevitable: la de Molinuevo con Roberto Sánchez, su antecesor en la intendencia y un dirigente que también tuvo que tomar posición frente al gobierno de Milei.
Sánchez acompañó algunas iniciativas del Gobierno nacional, pero también marcó diferencias. En septiembre de 2024 defendió la ley de movilidad jubilatoria frente al veto presidencial, mientras otros legisladores radicales cambiaron su voto (mención honorífica de "radical con peluca" para Mariano Campero).
La postura del ex piloto dejó en evidencia que acompañar determinadas medidas no significaba darle un cheque en blanco a la Casa Rosada.
La diferencia que vale la pena discutir es política: una cosa es ser radical, mantener una identidad partidaria y negociar con un gobierno cuando se considera necesario; otra es construir el propio espacio dentro de La Libertad Avanza mientras se apela al sentimiento y a los símbolos de la UCR.
Y si de coherencia partidaria hablamos, hay una pregunta que ya no puede quedar solamente en manos de los dirigentes: ¿qué posición va a tomar la Unión Cívica Radical frente a Molinuevo?
Porque el partido ya tomó medidas disciplinarias contra legisladores que acompañaron el veto de Milei a la ley jubilatoria (sí sí, nuevamente una referencia a Campero). ¿Qué criterio va a aplicar ahora el partido frente a un intendente que reivindica al radicalismo, pero se encuadra políticamente en el espacio libertario? ¿Habrá una postura institucional o se dejará que cada dirigente resuelva según su conveniencia?
No es un asunto menor. Si los principios partidarios se invocan cuando sirven para un discurso, pero dejan de tener peso al momento de definir alianzas, entonces el problema excede a Molinuevo. También interpela a la conducción de la UCR y a quienes dicen representar su historia.
En definitiva, nadie está obligado a pensar igual que hace veinte años. Pero sí tiene que explicar qué cambió, por qué cambió y qué queda de aquello que todavía dice defender.
Y en Concepción, donde Sánchez y Molinuevo representan hoy caminos políticos diferentes, esa discusión tiene un condimento adicional: ambos compartieron un espacio y una historia política, pero sus decisiones actuales los ubican en veredas distintas.
La pregunta queda planteada. No alcanza con nombrar a Alem, Yrigoyen o Alfonsín. Hay que explicar qué significan hoy sus ideas y cómo se traducen en decisiones concretas.
Porque la historia de un partido no se defiende solamente con palabras. También se defiende con decisiones.
admin
Comentarios
Deja tu comentario